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14 de septiembre de 2011

Cowboys & Aliens: entre tiros y rayos láser




No hay nada más clásico en la matemática que una suma. Pero si a esta fórmula simple se le agregan difíciles derivadas, ecuaciones complicadas y se expande algo más la cuenta, se obtiene un resultado mucho más complejo que dos más dos igual cuatro. Esto es, más o menos, lo que ocurre con Cowboys & Aliens. Un película que pretende llevar más allá de lo habitual a dos géneros cinematográficos que en los papeles no se cruzarían nunca, como el más clásico western junto al de la típica ciencia ficción.
Jon Favreau -para los teleadictos aquel gordito millonario que interpretó en la serie Friends a un novio multimillonario de Mónica- se vuelve a poner sobre su hombro una transposición de la historieta al cine como lo hiciera con Ironman y Ironman II. Aunque esta vez, el resultado no llega a ser totalmente certero.


La película cuenta la historia del poblado Absolution, en el centro de Arizona, donde un hombre -Daniel Craig- aparece en pleno desierto sin saber cómo llegó allí y con un extraño brazalete de metal atrapado en su muñeca. Cuando llega al centro del pueblo, tendrá un fuerte cruce con el Coronel Dolarhyde (Harrison Ford) quien mueve los hilos del lugar. Esa noche de riñas y disputas internas, sus fuerzas se tendrán que unir para combatir a un enemigo mucho mayor: una invasión de naves espaciales.
Con efectos especiales de primera categoría, con buena muñeca para manejar los tonos de acción que se van desarrollando y con algo de humor negro, Favreau logra momentos buenos, aunque no tantos como en sus anteriores películas. 
Es que por momentos, se alargan mucho algunas escenas (sobre todo desde la mitad hacia el final), ciertos diálogos se extienden sin agregar demasiado y determinadas vueltas de tuerca son muy evidentes.


Cowboys & Aliens tiene muchas buenas citas directas a películas de género cómo Alien y Depredador, pero también hay reminisencias de Encuentros cercanos del tercer tipo y se destaca el espíritu del western de Los Imperdonables y de toda la filmografía del Oeste de John Wayne, donde los indios son esenciales para el relato. 
La dupla Craig-Ford, a pesar de algunos clichés clásicos, funciona muy bien y resulta un hallazgo para ser tenido en cuenta para otros films. En un principio tenían pensado otra fórmula. El personaje de Craig lo iba a interpretar Robert Downey Jr., quien se bajó, según la página IMDB, "por problemas de agenda". Sólo después de confirmarse al ex James Bond, se sumó Ford, y una vez más de la mano del productor Steven Spielberg. 


Basada en la novela gráfica de Platinum Studios creada por Scott Mitchell Rosenberg, Cowboys & Aliens tuvo un presupuesto de 163 millones de dólares. Lleva recaudados en los Estados Unidos algo más de 130, con lo que no alcanzó a cubrir su costo.



29 de agosto de 2011

Balada triste de trompeta: payasos, armas y dos metralletas humeantes


El cine español, en los últimos veinte años, ha brindado una cantidad de directores que más bien pueden estar emparentados con lo que es el cine de género norteamericano, que con lo que puede revisarse del cine europeo de las décadas del 70 y la primera mitad de la del 80. Junto a Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró y Paco Plaza, Alex de la Iglesia es el director de cine español más preciso que existe. Su última película, Balada triste de trompeta, es su film más político y en el que despliega todo su fanatismo por lo exuberante, lo gore, el humor negro y lo sexual para contar una historia que tiene una significancia mucho mayor que su propia narración.
El relato de Balada triste de trompeta es el de un chico, Javier, que en 1937 y durante la Guerra Civil española ve cómo su padre, uno de los payasos del circo en el que trabaja, es apresado por el ejército del General Franco. Este episodio tendrá consecuencias fatales en su vida, principalmente cuando él se convierta, a comienzos de la década del 70', en el payaso triste de otro circo, y dónde librará una batalla descarnada contra el golpeador y violento Sergio, el payaso tonto, por el amor de la trapecista Natalia. 


De la Iglesia produce por momentos una clase de historia filmada, cuando mediante imágenes de archivo hace una síntesis de los momentos vividos por España durante el franquismo, época de prohibición, persecución y autoritarismo. En ella se ven todos juntos y pegados personajes famosos, cantantes, películas y noticias españolas de la posguerra hasta dar paso a la batalla de los payasos.
Los personajes de Balada son violentos, torpes, sexópatas, salvajes pero también inteligentes y sufridos. Todo es exagerado, áspero y algo grotesco, y la crítica hacia eso es tácita. El humor negro sobreviene en los momentos menos esperados y el drama más cruento y triste aparece cuando uno menos lo anticipa.   


Si bien hay referencias a otras producciones -hay algunos guiños a Freaks, de Tod Browning, a algunas películas de Alfred Hitchcock, y ciertos momentos remiten a Inglorius Basterds, de Quentin Tarantino- Balada triste de trompeta es la cinta de de la Iglesia con menos citas a otras películas.
Sin llegar a la excelencia que alcanzó con La Comunidad y El Día de la Bestia, ni tampoco lograr la caricaturas tan marcadas como hizo en Crimen Ferpecto y Acción Mutante, el director español tiene una muy buena muñeca para construir con valentía e intencionalidad política esta historia donde no hay ni buenos ni malos, sino enemigos.


Las escenas de guerra y ciertas secuencias filmadas en el circo -el cual a propósito funciona sobre la base de una ciudad destruida- como también la reconstrucción de varias épocas, son muy bien logradas. Los actores Carlos Areces, el payaso triste, y Antonio de la Torre, el payaso tonto, funcionan a la perfección como pareja antagónica. 
Aunque hay que decir que lo peor de la película es la performance de la parte femenina, encabezada por la novia del director, Carolina Bang, que tiene unos ojos hipnotizantes, pero no termina de conmover como debería con su personaje de la trapecista.
Párrafo aparte merece la aparición del conocido Raphael, en imágenes de archivo, cantando caracterizado como un payaso e interpretando la canción que da origen al nombre de la película, como también la presencia del reconocido clown Fofito y de algunos actores que en otras producciones de de la Iglesia fueron protagonistas. 
Santiago Segura, hace un bizarrísimo payaso trajeado con un vestido rosa y matando a machazos a franquistas, Enrique Villén personifica a un gracioso esposo de la dueña de los perros del circo y Sancho García que se mete en el personaje del Coronel Salcedo, quien tendrá un duelo especial con Javier durante toda la película.
Balada triste de trompeta ganó un par de premios Goya en 2010 por nominaciones técnicas, pero se alzó con dos premios en el Festival de Venecia a mejor director y mejor guión. De acuerdo a cifras que arrojan algunas páginas especializadas, costó unos 7 millones de euros. Bien invertidos están, seguro.   



6 de febrero de 2011

Sudor Frío: el pasado se hace terror

   
  La película Sudor Frío funciona perfectamente. Esto se comprueba en forma clara y precisa en el mismo momento en que, al pasar los créditos finales, los espectadores de una sala semicolmada, aplauden sin parar por unos cuantos minutos. Es muy raro que esto suceda con una historia de terror y suspenso. Y más teniendo en cuenta que el filme es argentino, se realizó con un presupuesto minúsculo y recién en las últimas dos semanas tuvo promoción en los canales de aire de la televisión local. 
   Adrián García Bogliano construye un relato en el que se entremezclan sorpresivamente lo más sangriento de nuestra historia pasada, con elementos típicos del cine de terror norteamericano, al mejor estilo Juego del Miedo, La Masacre de Texas o Scream. Aunque se trata de un género en el que casi nunca la política está presente, en Sudor Frío -y acá radica su transgresión y mejor logro- la historia truculenta argentina juega un papel fundamental en el origen de todos los males.


   Facundo Espinosa interpreta a un joven que busca a su novia, papel que hace la debutante Camila Velasco, quien desapareció por arte de magia. Él junto a una amiga, Marina Glezer, descubren el lugar donde supuestamente está la persona que a escondidas chateaba con ella. Es en esa casa antigua de la zona de La Plata donde dos psicópatas sexagenarios esconden más de 25 cajas de explosivos, y perpetran horribles crímenes.
   El principal defecto del filme son algunas actuaciones. No porque sean malas, sino por los desparejas que resultan. Los buenos trabajos de Espinosa y de uno de los asesinos interpretado por Omar Musa, son la antítesis de la mala performance de algunos de los actores secundarios y de Marina Glezer (lamentablemente hay que decirlo) quien por momentos desentona demasiado con sus compañeros.  La sorpresa es la perfecta actuación de la debutante en el cine Camila Velasco, quien se banca la película entera practicamente sin moverse.



   A pesar de este pequeño contrapunto (el único) García Bogliano, como un perfecto titiritero,  mueve los hilos de la tensión que va de menor a mayor. Con un estilo propio, que ya mostró en varias de sus producciones anteriores como 36 Pasos, Habitaciones para turistas y especialmente la extraordinaria No moriré sola, este director apela a los efectos de iluminación, explota perfectamente los primeros planos, usa de manera majestuosa la cámara lenta y los pocos efectos especiales que hay y desarrolla con muchísima precisión la tensión creciente construida con una banda de sonido de la hostia.
   Sin dejar de citar a grandes directores de género como Wes Craven, John Carpenter, George Romero y Lucio Fulci, y también remitiéndose, aunque no tan directamente, a películas de horror como Sé lo que hicieron el verano pasado, Scream, Halloween o cualquiera del subgénero slasher, Bogliano hace su mejor película. Para esto deja de lado lo artesanal de sus otras producciones, aparta las escenas impresionables por demás y las hace funcionales al relato, y entremezcla la realidad a la ficción, algo poco común en estas historias.


     Uno de los aciertos de este filme es hacer que la década del 70' se haga omnipresente en lo actual. Lo pasado vuelve para atacar este presente de tecnología, hiperinformación y conectividad al límite. Las ideas viejas y nefastas no dejaron de existir, sino que se quedaron latentes y pueden querer imponerse igual que hace décadas. La historia negra espantosa tiene un correlato actual, y lo que ya pasó podría volver a pasarle a cualquiera y en cualquier lugar, parecería que dice Bogliano a través de su película.
   Paura Flics, una pequeña productora platense, se unió con el estudio Pampa Films para la realización de Sudor Frío. Ambos estudios seguramente deben estar más que felices con el resultado de crítica y de público que tuvo su producción, ya que durante el primer fin de semana en cartel sumó casi 22 mil personas en solo 40 salas y quedó octava entre las más vistas, mérito increíble para una realización de este tipo. 
   Filme que seguramente seguirá creciendo a lo largo de las semanas venideras y que le abrirá las puertas a otras producciones de este tipo que a lo largo del 2011 se estrenarán en los cines argentinos.
 

9 de diciembre de 2010

El gran superhéroe mexicano


Cuando uno está frente a la película Machete (2010) tiene que asumir dos cuestiones. La primera, es que lo que está a punto de presenciar es una artificiosa, malhablada, grandilocuente y exagerada película de acción. La segunda es que nada de lo que ocurre en la pantalla puede llegar a pasar en la vida real. Si la persona que se sienta en la butaca asume estas dos cuestiones claves, disfrutará minuto a minuto el gran filme que realizó el fenónemo de Robert Rodríguez.
En los casi 105 minutos que dura Machete, Danny Trejo -ese actor mexicano duro, recio, ex convicto, tatuado y de pocas palabras- construye un héroe a su medida. La historia es la de un ex federal mexicano, quien sufre el salvaje asesinato de su esposa por parte del líder de un cartel de drogas. Exiliado a Estados Unidos, Machete, es contratado para matar a un senador. Las cosas cambian cuando él es traicionado en el momento en el que le estaba por matar al político y le disparan a él. La venganza de Machete no se hace esperar, con la consecuente cantidad de tiros, machetazos y trompadas necesarios.
Este filme es una especie de spin-off de la película Grindhouse (2007) que uniera dos largometrajes de los dos amigos entrañables de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, como Planet Terror y Death Proof respectivamente. Este gran programa cinematográfico (de una duración de más de tres horas) pretendía hacerle un homenaje a los géneros populares de la década del 70' como el terror bien bizarro y las cintas de locos motorizados persiguiendo chicas y asesinando sin parar. Es por esto que en el medio de los dos largos, se mostraban trailers, que no eran otra cosa que  falsas publicidades sobre supuestas películas por venir. Entre ellos figuraban “Thanksgiving” de Eli Roth, “Werewolf Women of the SS” de Rob Zombie, "Don't" de Edgar Wright y finalmente "Machete" de Robert Rodríguez.
Rodríguez construyó un filme a su medida. El héroe mexicano, Danny Trejo. Las dos mujeres que irradian belleza latina, buenas curvas y potente acción, Michelle Rodríguez y Jessica Alba. El malo, que a pesar de su condición tiene todo el carisma, Jeff Fahey (para los fans, Lapidus de Lost). El malísimo, y más duro que una tabla de roble, Don Johnson. El político garca, facho y nefasto, Robert De Niro. La loca, bonita y durísima, Lindsay Lohan. Y el narco, gordo, pseudo latino y pseudo actor, Steven Seagal.
Machete es una cinta con poca sutileza. Es más, por momentos toca de costado el género gore. Pero nunca deja de ser una película de acción como las de antes. Rodríguez muestra que luego de cintas de lujo como Del Crepúsculo al Amanecer (1996) o Desperado (1995), está para volver a esas realizaciones violentas y adultas y olvidarse de sus coqueteos con las películas infantiles como la saga de Mini Espías (2001).
Como un western mexicano moderno, Machete tiene referencias y citas constantes a la segunda parte de Kill Bill (2004) y a varias películas clásicas de cowboys como A la hora señalada (1952), y también Rodríguez se auto homenajea a lo Tarantino citando a El Mariachi (1994) y a Planet Terror (2007).
Rodríguez logra dos momentos casi sublimes y tan políticamente incorrectos como disparatados (tres si contamos la sola presencia del magistral Don Johnson). Cuando hace que los latinos siempre olvidados en este tipo de películas, tengan diálogos desopilantes como el que tienen los guardaespaldas del jefe malo de Jeff Fahey sobre la realidad latina en norteamérica. Y la hilarante campaña política del senador John MacLaughlin, interpretado por un distinto Robert de Niro, en la que se plantea la idea de la "no amnistía para los parásitos" de los inmigrantes mexicanos.
Debido al gran éxito, no sólo en Estados Unidos, sino a nivel mundial de Machete, y teniendo en cuenta el final de la película, algunas informaciones sostienen que en el 2011 comenzarán a filmar su secuela. Ojalá sea así para poder volver a escuchar a Danny Trejo decir con voz casi de Tarzán: "Machete don't text".